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martes, 18 de febrero de 2014

Amor y biología ¿Somos monógamos por naturaleza?


Los humanos somos una de las pocas especies monógamas que existen en el planeta. Pero ¿qué mecanismos biológicos y evolutivos hay detrás del apego a la pareja?

¿Cuáles son los mecanismos neuroendocrinos que intervienen en la creación del vínculo de pareja? ¿Está la monogamia relacionada a nuestra biología?

Puede ser, señala Antonio Guillamón, catedrático de Psicobiología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de España, aunque "la fidelidad connota valores y un análisis moral que está lejos del laboratorio”.

Lo que sí parece claro es que la monogamia tiene que ver con nuestra evolución como especie. “Parece que cuando nuestros ancestros se movían de un lado para otro cazando, la poligamia era la forma de reproducción. El nacimiento de asentamientos agrícolas y ganaderos, que conllevaba la defensa de la tierra y la transmisión de la misma a la siguiente generación, favoreció una nueva organización social y el desarrollo de la monogamia”, detalla Guillamón.

La hormona del amor

La oxitocina es una hormona relacionada con las relaciones de pareja. Se segrega al final del embarazo para favorecer la contracción del útero y la expulsión del bebé. Se libera, asimismo, durante el orgasmo y también influye en la lactancia.

Además, la oxitocina ayuda al cerebro a establecer relaciones afectivas duraderas. “Nos hace ser animales sociales y familiares, ya que nos permite reconocer a las personas de nuestro entorno y sentir hacia ellas lo que no sentimos hacia los desconocidos”, explica Carlos Tejero, vocal de la Sociedad Española de Neurología.

De hecho, se conoce coloquialmente a la oxitocina como la hormona del amor o, incluso, como la hormona de la fidelidad. En este sentido, un grupo de investigadores de la Universidad de Bonn (Alemania) ha estudiado el papel de esta hormona en lo relativo a la fidelidad masculina y a la monogamia. Para ello, en un estudio doble ciego controlado con placebo, aplicaron oxitocina mediante un aerosol nasal a veinte hombres voluntarios, heterosexuales y con pareja estable.

Según los datos publicados en la revista 'Proceedings', de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, esta sustancia orgánica hizo que los hombres percibieran la cara de su pareja como más atractiva que la de otras mujeres desconocidas, pero no tuvo efectos sobre la atracción de otras mujeres conocidas.

“La oxitocina ha estado implicada en el vínculo de pareja en varias especies pero, por el momento, sabemos poco de los factores neurobiológicos que podrían actuar para promover la fidelidad, especialmente en los hombres. En este estudio proporcionamos pruebas de un mecanismo mediante el cual la oxitocina podría contribuir a crear vínculos románticos en hombres, aumentando la percepción del atractivo de sus parejas en comparación con otras mujeres”, exponen los investigadores en esta publicación.

Vínculo y fidelidad

“Se desconocen bastante los mecanismos neuroendocrinos que intervienen en la creación del vínculo de pareja”, señala, asimismo, Antonio Guillamón, catedrático de Psicobiología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). El especialista aclara que en los trabajos de laboratorio y de campo no se estudia la fidelidad sino el vínculo en las parejas y su duración. “La fidelidad connota valores y un análisis moral que está lejos del laboratorio”, precisa.

Guillamón indica que la mayor parte de las investigaciones relacionadas con el vínculo de pareja se han realizado con dos razas de ratones, una monógama y otra polígama. Otra hormona, la vasopresina, estaría relacionada con este vínculo. “Parece que el número de receptores para vasopresina está relacionado con la monogamia de los ratones macho y la acción de la hormona oxitocina con la de las hembras”, comenta.

El experto explica que, durante la cópula se libera oxitocina, una hormona que actúa sobre los sistemas del cerebro relacionados con el refuerzo positivo, es decir, con el placer, y se supone que esto incrementa el vínculo entre la pareja de ratones. “La administración de oxitocina en los ventrículos cerebrales de los ratones hembra favorece el vínculo, mientras que la administración de sustancias que bloquean los receptores de oxitocina impide el desarrollo de dicho nexo. Es difícil imaginar un estudio viable sobre este tema en nuestra especie”, destaca.

Además, hay varios factores conductuales que forman el vínculo y lo mantienen estable en los ratones, como las conductas apetitivas de interacción en la pareja que producen placer; la expulsión, a veces de manera agresiva, de otros individuos que podrían entorpecer el vínculo, o el malestar que produce la separación del otro miembro de la pareja. “Cada uno de estos procesos conductuales tiene sus bases biológicas (neurotransmisores y hormonas específicos) en los ratones monógamos”, apunta el profesor Guillamón.

Sin embargo, según indica, estamos muy lejos de transferir estos resultados a nuestra especie. “Cuando hablamos de ratones monógamos nos sumergimos en un mundo de olores y feromonas que mueven estas conductas. Entre los seres humanos cuenta el aprendizaje de conductas y valores en una sociedad muy compleja donde el sistema olfatorio no es predominante, pero está ahí para conductas muy básicas”, expresa.

Monogamia y organización social

Guillamón afirma que un análisis apresurado sobre el vínculo de pareja en nuestra especie apuntaría a la importancia de variables difíciles de medir, como la complicidad, los objetivos comunes o el cuidado y promoción de la descendencia. “Aunque son importantes los estudios con ratones, y unos pocos con primates, todavía se está muy lejos de producir modelos viables para nuestra especie”, asegura.

En lo relativo al origen de la monogamia, el especialista sostiene que los vínculos de pareja dependen de la organización social de la especie. Así, en las especies que viven en manadas solo existe un vínculo olfatorio entre la madre y la cría hasta el destete. “En la gran mayoría de las especies de mamíferos, la reproducción se basa en la poligamia, la poliandria es prácticamente inexistente y la monogamia se observa en pocas especies”, expone.

En este sentido, cita tres factores que han promocionado la monogamia en los mamíferos. Uno de ellos es el incremento de los cuidados paternales hacia las crías. Otro lo constituye la presión por disminuir el infanticidio, dado que en las especies polígamas es frecuente que un nuevo macho mate a las crías durante la lactancia o, incluso, en el periodo de gestación mediante feromonas que inducen el aborto, pues con estos procedimientos tiene antes acceso al apareamiento con la hembra. El tercero de estos factores es el cambio hacia una sociabilidad más individual en la hembra.

Por su parte, el origen de la monogamia en la especie humana es objeto de discusión entre antropólogos y arqueólogos. “Parece que cuando nuestros ancestros se movían de un lado para otro cazando, lo hacían en pequeños grupos donde la poligamia era la forma de reproducción. Sin embargo, el nacimiento de asentamientos agrícolas y ganaderos, lo que conllevaba la defensa de la tierra y la transmisión de la misma a la siguiente generación, favoreció una nueva organización social y el desarrollo de la monogamia”, detalla. "En la sociedad actual, el hecho del divorcio (monogamia sucesiva) no invalida la monogamia", concluye.

(FUENTE: EFE)

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